Pequeña crónica filosófica de la crisis en España, por Hedwig Marzolf.

(traducido por Sara Pasadas)

¿Han dicho “rescatar”?

Tras Grecia, es necesario rescatar a España, nos dicen los expertos políticos y económicos. Pero, ¿cuál es aquí el significado de la palabra “rescatar”? ¿Se rescata a un país como se rescata a una empresa de la quiebra? Repetido hasta la saciedad, este término recobra su fuerza y también una parte de su misterio. Su uso puramente técnico, su sentido práctico no consigue asfixiar sus otros significados, de orden moral y religioso, que ponen al término bajo tensión. Cuando Slavoj Zizek exclama en nombre del pueblo griego – pero podría haberlo escrito en nombre del pueblo español – “Save us from the saviours” (en la London Review of Books del 7 de junio), él contrapone ambos significados. ¿Quién (se) salva? ¿Quiénes o qué es salvado? Y, ¿cómo? En las líneas que siguen he intentado tanto suscitar como dar respuesta a estas preguntas, resituándolas a la vez en una cultura propia, que no se reduce a las dimensiones política y económica, y en una realidad vivida.

Se trataría, de esta manera, de ponerle una cara visible, sensible a la crisis, y así rencontrar tras ella lo humano. Nadie ignora la crisis. Como escribe Myriam Revault d’Allones: “La dilatación de la noción de crisis es tal que ni siquiera podemos ya decir que estamos viviendo o “atravesando” periodos de crisis: estamos inmersos en la crisis” (Comment la crise vient à la Philosophie”, Esprit, marzo-abril 2012, p. 116). Pero esta omnipresencia la vuelve al mismo tiempo, y paradójicamente, insensible. Esta insensibilidad no es imputable en exclusiva a su lógica económica, a las cifras en las que se expresa y que en el fondo no interesan más que a los mercados, sino también al hecho de que la crisis condena al silencio y la invisibilidad a sus víctimas.

Con este fin, me he servido, no sólo de la información aparecida en los periódicos, sino también de comentarios y reacciones que ésta ha suscitado en mí y otras personas, conversaciones oídas en la cafetería, en la caja del supermercado, escenas que he podido observar, historias que me han contado personas de mi entorno cercano. De todo ello ha resultado esta crónica, diferente por sus actores, por la variedad de escenarios en los que se desarrolla, por las acciones que recoge y finalmente por su temporalidad, un relato y una cronología impuestos por la actualidad político-económica.

 

El Rey y los parados

El 15 de abril de 2012, el rey de España se rompe la cabeza del fémur mientras cazaba elefantes en Botsuana. El precio de la cacería: 45.000 euros por animal, el doble del salario medio anual en España. Una cifra indecente en un país en crisis desde hace cuatro años y al que se le pide, con el apoyo del propio rey, hacer (aún) más esfuerzos. Sin embargo, no es la cantidad la que estará en el centro de la polémica surgida de este asunto – la primera que hace temblar los cimientos de esta institución desde el fin de la dictadura de Franco -, sino el derecho del rey a una vida privada y a al ocio.

Mientras que el rey sufre la visibilidad que le otorga su cargo público, los parados (cerca del 23% de la población activa en 2011 y del 50% de los jóvenes menores de 25 años) sufren su invisibilidad, su retiro forzado a la vida privada y al ocio.

© Hedwig Marzolf et Ernesto Ganuza. Manifestación del 15 de Octubre 2011 en Madrid.

Franco

“Hay crisis”, me dice Ricardo, de 42 años, “pero hay para comer y beber” – se sobrentiende: no es como en la dictadura.

Mi suegro, nacido poco después de la guerra civil, me cuenta la primera crisis que vivió España bajo el régimen de Franco: el oro recibido de los nazis, a cambio de vacas, cerdos, pollos, ropa, carbón, etc. se había agotado. Su familia se arruinó. El país se vacía. Quienes se quedaron pasaron hambre durante mucho tiempo.

En España, todos los que tienen más de 30 años han conocido la dictadura o, al menos, la difícil transición democrática. Un amigo, David, de 35 años, recuerda haber escapado de pequeño junto con sus padres de las balas de la policía franquista durante una manifestación a favor de la democracia en Córdoba. Esta policía ya no existe, pero los hombres no están muertos, algunos aún trabajan. Tras los rostros arrugados y simpáticos de los viejecillos de Andalucía, quizás hay un asesino. Comparada con esta violencia, ¿qué es la crisis?

La crisis no mata. Pero lo hace, en cierto sentido, mejor: la crisis te hace pobre.

Hay muchos más mendigos, y también están aquellos a los que los sociólogos han denominado “mileuristas”: quienes ganan mil euros al mes – apenas lo suficiente para comer y pagar el alojamiento, con unos precios que en las grandes ciudades son similares a los de Paris. Recientemente, los jóvenes han reivindicado un nuevo estatus, los “ni-mileuristas”: aquellos que ni siquiera cobran mil euros.

Nadie se muere de hambre, pero no hay dinero para llevar a los niños a la guardería, para cuidar de las personas mayores (el nuevo gobierno a suprimido la Ley de Dependencia, una de las medidas estrella del gobierno de Zapatero, que preveía una ayuda del Estado para asistir a las personas mayores y a los discapacitados), para salir de vacaciones, para ir al cine. Condenados a quedarse en casa – como en una prisión.

Según una profesora de economía feminista de la Universidad de Barcelona, el paro ha aumentado la violencia conyugal.

El golpe de gracia viene cuando se pierde la casa al no poder pagar la hipoteca: los bancos han ejecutado en 2011 58.200 expulsiones – a pesar de las protestas de asociaciones surgidas del movimiento de los Indignados.

¿La crisis no mata? No mata directamente, no de una manera visible.

La invisibilidad la hace invencible: no se lucha contra un enemigo invisible.

 

Pequeña fenomenología de la crisis

La crisis está por todas partes: en todos los periódicos, en todas las bocas – hasta el punto de que hay quienes rehúsan, por cansancio, para protegerse, de hablar y de escuchar cosas sobre ella. “Ya no leo el periódico ni veo las noticias” me confía Marta, de 33 años, que cría sola a su hijo y que se cree afortunada por tener un contrato indefinido. Pero, ¿dónde la vemos?

He aquí un inventario de los signos visuales de la crisis, aquellos que se ofrecen a quien pasea por la ciudad de Córdoba, en Andalucía

  • Edificios nuevos, pero sin ocupar o construcciones que parecen paradas, muros sin ventanas, etc.
  • Carteles de “Se vende” o “Se alquila” colgados en las ventanas de casas y apartamentos en la mayoría de las calles.
  • Persianas bajadas, letreros de “Se traspasa” en los escaparates de las tiendas.
  • Publicidad de establecimientos que alardean de sus precios “anti-crisis” en grandes letras rojas, como por ejemplo en cierta cadena andaluza de supermercados discount.
  • ¿Más suciedad en las calles?
  • Papeles por todas partes, en las paredes, en los postes: carteles convocando a la próxima huelga general, publicidad sobre una conferencia acerca de los efectos de la mundialización, y todos los papelitos, escritos a mano en algunos casos, buscando trabajo: “¿Tienes que hacer algún arreglo de costura? Llama a Paca, 649653421”, “Cursos de español, cursos de inglés: 10 euros / hora las clases particulares, 6 euros en grupo”, “Trabajos de pintura y fontanería. Muy barato”. “Mujer con experiencia se ofrece para ocuparse de niños o personas mayores”.

Estos pequeños anuncios son los “mensajes en una botella” contemporáneos. Es bastante probable que nadie los encuentre.

En esta crisis, no se salvan vidas, se rescata a la banca.

 

La banca, siempre gana.

El 30 de mayo el escándalo de Bankia, el cuarto banco del país, recientemente restructurado, salta a los titulares de los periódicos: necesita 23 mil millones de euros. Más del doble del montante de los recortes en salud y educación anunciados una quincena de días antes. ¿Será necesario que los españoles renuncien al estado de bienestar para rescatar a sus bancos?

En la tele, un portavoz del gobierno rechaza la propuesta del PSOE (partido socialista) e IU (Izquierda Unida, el equivalente mutatis mutandi al Frente de Izquierdas francés) de hacer comparecer en el Congreso a los responsables de Bankia: “No es el momento de ajustar las cuentas, dice”. Y, sin embargo, ¿qué otra cosa mejor podría hacerse?

© Hedwig Marzolf et Ernesto Ganuza. Manifestación del 15 de Octubre 2011 en Madrid.

 

Las declinaciones del miedo

31 de mayo: “Spanic”, contracción de Spain y panic: es el nuevo vocablo forjado por el diario británico Financial Times tras el asunto Bankia. Parece que la gente está retirando su dinero de los bancos. El miedo se vuelve en contra de aquellos que lo han provocado y que lo utilizan.

1 de junio: de noche, la primera vez que sucede desde que vivimos en Córdoba, un hombre ha intentado entrar en nuestro apartamento por la ventana. Una de las consecuencias de la crisis: el aumento de los robos en viviendas particulares.

Me han contado que ayer hubo un robo en una panadería del barrio. Un “vagabundo” habría amenazado a la dependienta con un cuchillo. Parecería que vivimos en los tiempos del Gran Miedo descrito por Foucault.

Esa misma noche, Córdoba celebra su primera “Shopping Night”: delante de las tiendas de marca (Caramelo, Adolfo Domínguez, Massimo Dutti, etc.), hay alfombras rojas como anzuelos para atraer a los clientes reticentes quizás.

El 2 de junio, el presidente del gobierno Mariano Rajoy da, por primera vez, un discurso que pretende ser tranquilizador: « No caminamos por un sendero de rosas, pero no se acerca ningún Apocalipsis. Ni nos hemos librado de las amenazas ni vamos a sucumbir a ellas». Acumulación de metáforas – algo que rompe con la matemática contable de las cifras del déficit – como si fuera imposible dotar de sentido a la crisis, de pensar en una salida. «Por lo menos hay que reconocerle el esfuerzo por expresarse bien », comenta un amigo asqueado pero a quien le gusta el fair play.

 

¿Ayuda?

Sábado 9 de Junio: Finalmente España pide la ayuda de Europa. Parece ser que el presidente del gobierno se habría negado hasta ahora y el presidente de la Comisión Europea confía que ha tenido que presionar para conseguirlo. “Los españoles somos muy orgullosos”, me explica un amigo (que por cierto trabaja para una ONG de ayuda al desarrollo de ciertas comunidades indígenas en Sudamérica). ¿Orgullo o desesperanza? La ayuda de Europa al Estado Español podría entrañar un nuevo aumento de la deuda pública lo que conllevaría a su vez nuevos recortes en los presupuestos. Ayudar, más bien sería no ayudar.

“Rescate a España” titula El País el domingo 10 de Junio. En portada, una foto del ministro de Economía, Luis de Guindos, tomada en la rueda de prensa que tuvo lugar tras la reunión del “Eurogrupo” en la que se tomó esta decisión, apuntando con el dedo al lector. Un gesto ambiguo: el que es ayudado se siente a la vez acusado. Ya se sabe que los habitantes del sur son gente perezosa…

Martes 12 de junio, los mercados desconfían de nuevo de España. No son tontos: para ellos, rescatar significa endeudar. La “prima de riesgo” vuelve a subir.

29 de junio: Angela Merkel ha aceptado el principio de una recapitalización directa de los bancos españoles sin ceder en sus exigencias en materia de rigor y disciplina presupuestarios. Los mercados están contentos.

10 de julio: la prima de riesgo y la tasa de interés de la deuda española alcanzan cotas al límite de lo soportable por la economía española. Los mercados no dan ni un respiro. Pronto necesitarán otros sacrificios. “Por eso nos llaman los PIGS: cerdos al matadero”, dice Javier, 39 años, que trabajaba para una empresa de reparto, ahora en paro.

11 de julio: Mariano Rajoy desvela la nueva batería de medidas destinadas a ahorrar 65.000 millones de euros: entre ellas, subida del IVA, bajada de la prestación por desempleo, bajada de las pensiones, supresión de la paga extra de diciembre a los empleados públicos que tendrán menos vacaciones, reducción del empleo público. No se prevé ningún impuesto sobre el capital ni las grandes fortunas.

 

Salvarse

Hay que rescatar a la banca, pero los ricos, ellos ya se han puesto a salvo. El ladrillo, es decir, la construcción de viviendas, que les ha asegurado durante más de veinte años importantes beneficios, ya no los proporciona. Para ellos, existen los paraísos fiscales.

Tras ellos dejan una economía exangüe pero les importa poco. Y paisajes desfigurados.

Los pobres también se salvan. Emigran. Otra vez. En los años 50 y 60, cuando Franco, trabajaban como obreros, conserjes o chachas para la burguesía francesa. Hoy tienen los mini-jobs en Alemania. Otros tienen una oportunidad en Latinoamérica.

 

© Hedwig Marzolf et Ernesto Ganuza. Manifestación del 15 de Octubre 2011 en Madrid.

 

Los rescatadores de la Iglesia

El domingo 10 de junio, al día siguiente de la solicitud de rescate, se celebra el Corpus Christi. Delante de las iglesias de Córdoba se exponen, a la vista de todos, las custodias de brillo plateado y dorado. La Iglesia católica tiene a su propio salvador. No necesita rescatar ni ser rescatada.

En 1979, en plena transición democrática, se firmo un concordato con el Vaticano que eximía a la Iglesia de pagar impuestos sobre sus bienes inmuebles. Después, en 1998, el presidente del gobierno José María Aznar (el Thatcher español) modifica la ley hipotecaria a su favor: la Iglesia tiene desde entonces el poder de inscribir a su nombre en los registros de la propiedad aquellos bienes que no están inscritos a nombre de otros (es decir: los bienes públicos). La Mezquita de Córdoba pasa a ser propiedad de la Iglesia por la suma de 30 euros, el coste del acta notarial. Además, a la Iglesia la financia en parte el Estado a través del impuesto sobre la renta que da la posibilidad a los declarantes de cotizar a su favor. Los recortes en el presupuesto de educación no han afectado a las clases de religión.

Si bien algunas organizaciones caritativas se han movilizado para defender el acceso gratuito a la sanidad de los sin-papeles (puesto en duda con los primeros recortes en el presupuesto de la sanidad pública), la jerarquía eclesiástica ha permanecido en silencio. En marzo, el arzobispo de Madrid ha hecho censurar un manifiesto firmado por dos organizaciones religiosas que criticaban la reforma laboral adoptada por el gobierno y que se podría resumir en que otorga todos los derechos a los patrones.

¿Están descontentos los electores católicos con la forma en que el gobierno está gestionando la crisis? Se les está sirviendo una política social conservadora: puesta en duda del derecho al aborto, supresión de la asignatura de educación para la ciudadanía, en la que se aprende que los homosexuales son como los demás y pueden formar una familia si lo desean.

 

El futbol

Al día siguiente a la solicitud de ayuda a Europa por parte del ministro español de economía, el Corpus, el presidente del gobierno, que mantiene su silencio a propósito del tema, asiste al partido (de la copa de Europa) entre España e Italia. Se le reprocha. ¿Devolvería la crisis al futbol a su lugar: una diversión, una recreación de responsabilidades, a las cuales no pueden aspirar los políticos, encargados del bien público en un momento en que éste está en peligro?

Miércoles 19 de junio, en un programa de TVE, un humorista para a los paseantes en la Puerta del Sol (la plaza ocupada por los Indignados el año anterior) y les hace dos preguntas:

  • ¿Sabe usted cuál es el valor actual de la prima de riesgo?
  • ¿Quién marcó el gol contra Croacia?

Sorpresa: de los diez entrevistados, nueve, hombres y mujeres, responden perfectamente a la primera pregunta e ignoran la respuesta a la segunda. ¿Habrá dejado el futbol de ser el opio del pueblo quien habrá despertado a la realidad (una realidad que, ya desde Marx, es de orden económico)? ¿No será más bien que la crisis se ha convertido, como consecuencia de un giro extraño, en el nuevo opio del pueblo? Al emplear este término en relación con la religión, Marx deploraba el hecho de que el hombre buscara el remedio a su sufrimiento huyendo de la realidad, sin emprenderla contra lo que consideraba era la verdadera causa: la explotación, dejándola por ello vía libre. Por supuesto, la crisis no tiene el velo protector de la religión, ni los encantos del fútbol, pero comparte con ellos la capacidad de hacer que nos olvidemos de combatir para obtener mejores condiciones laborales, para lograr una sociedad más justa. En el fondo, la deuda es la divinidad contemporánea: los sacrificios que exige son incomprensibles para el entendimiento humano y serán recompensados en un futuro indeterminado, sin relación necesaria con el horizonte temporal de la existencia. El presente es privado de sentido: este vendrá de arriba, más adelante.

Algunos periodistas han sugerido que el fútbol permitía la revancha simbólica de los países del sur contra los países del norte, Alemania en particular, intransigente sobre la necesidad y la prioridad de las medidas de austeridad. Esta metáfora tiene cierta lógica: no resulta inverosímil que las negociaciones se lleven a cabo como un partido entre dos equipos, con sus goles, sus victorias y sus derrotas. Pero habrá que remarcar que la división entre lo simbólico y el significado no resulta aquí evidente: ¿la crisis económica no es también una crisis del significado? El gol de Italia contra Alemania la noche del 28 de junio en la ultima Eurocopa es el símbolo de la victoria de Mario Monti y Mariano Rajoy sobre Angela Merkel esa misma noche (donde acordaron informalmente el principio de una recapitalización directa a los bancos españoles y la compra de deuda italiana por parte del Banco Central Europeo), ¿pero esta ultima no seria también un símbolo tras el cual aún nos queda por descifrar el sentido de esta crisis?

 

y los indignados

El sábado 12 de mayo de 2012, los “Indignados” volvieron a ocupar la Puerta del Sol de Madrid. Había pasado un año desde que se produjo aquella concentración de ciudadanos exasperados por las actuaciones de los políticos y la tiranía de los mercados, que proclamaron en este lugar público, juntos, la necesidad de mayor justicia política y social. Su número, su determinación y su creatividad supusieron una sorpresa y supieron ocupar durante mucho tiempo las portadas de los medios de comunicación. Una encuesta de octubre de 2011 cifraba en un 73% el porcentaje de población favorable a su lucha. Allí no hubo una “spanish revolution” – pero la mayoría de los Indignados no se presentaban como “anti-sistema”; a pesar de los políticos que habrían encontrado en ello un medio para desacreditarles: ¡¡una nueva banda de anarquistas!!-, muchas de sus reivindicaciones han quedado sin respuesta, pero ha habido algunas victorias por aquí y por allá, una cierta humanización de las prácticas: está en marcha un proyecto de “ley de transparencia” y se han paralizado algunos desahucios al llegar a acuerdos con algunos bancos para aceptar la dación en pago de la vivienda. El sentimiento de frustración, si está presente, aún no ha vencido al halo de esperanza y a la sensación de recuperar cierto orgullo que este movimiento alumbró. ¿Durante cuánto tiempo?

14 de junio. En el norte de España los mineros luchan contra el cierre de las minas para no perder su trabajo. Su movimiento de protesta se ha convertido en una guerrilla. Gritan: “NO somos el 15M, nosotros no somos pacifistas”.

Jueves 20 de junio: Recibo un mensaje en mi correo electrónico. Mañana Bankia, el Banco al que los ciudadanos han salvado de la quiebra, va a expulsar de su vivienda en Córdoba a una familia con un hijo discapacitado.

¿Será necesario que los Indignados tomen también las armas para que sean escuchados?

 

Córdoba, 11 de Julio de 2012.

Hedwig Marzolf es profesora de filosofía.

Contact: hedwig@marzolf.eu

¡Bienvenido Mister Marshall! Luis Garcia Berlanga (1953)